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El diario Fabaiiano, ep.5 – Fauna Hawaiiana. –

Aloha chic@s saludos desde Hawaii una semana más.

En esta entrada os voy a hablar de como la naturaleza te rodea y envuelve en todo momento en esta paradisíaca isla en medio del Océano Pacífico, la vegetación, los animales, insectos, peces… Continuamente nos están recordando quienes son los auténticos dueños de esta tierra y de este agua..
Cuando estás haciendo surfing o simplemente dándote un baño en el océano siempre hay que tener los ojos bien abiertos, no sea que te vayas a perder algo… ¿Como que? Vayamos por partes…

Hay que tener cuidado con no chocar con alguna tortuga, están por todos lados, mientras remas entre olas ven como sacan la cabeza para respirar y más de uno se ha quedado sin quillas al chocar con su caparazón, es un animal protegido en Hawaii y no está permitido ni tocarlas, pero… si te coges unas aletas y unas gafas podrás darte un baño con ellas sin problemas. Bueno, hay que andarse al loro, en el agua son muy ágiles y tienen un pico poderoso que te puede dejar sin algún dedo si se te ocurre darles la lata.
¿Focas en Hawaii? ¿Estás de coñá no? Pués no, nosotros también flipamos. ¿”Pero si estamos en pleno invierno y hace un calor de morirse que pintan aquí estas focas?” Como diríamos en Galicia “haberlas haylas”. También están protegidas, en cuanto alguna se decide a echar una siestecilla en la arena enseguida aparecen socorristas o voluntarios que se ocupan de que los turistas no las molesten. Son grandes, preciosas y muuuuy vagas… La siestecilla puede durar horas y ahí están ellas roncando y rascando la barriga más a gusto que un arbusto. Como no, ni se te pase por la cabeza acercarte mucho o intentar tocarlas, al parecer atacan, son rápidas y tienen buenos dientes.

Hablando de dientes… Aquí hay tiburones grandes y malos, de los que comen surfistas. Pero de eso prefiero no hablar que se me pone la carne de gallina. !Glups¡

Yo hasta ahora el único ataque que he sufrido ha sido el de una medusa que me ha picado en los pies, nada del otro mundo, un poco de dolor, unos días de picor y poco más.
Sin duda la reina del océano es la ballena, vienen desde Alaska a pasar parte del invierno, las ves todos los días a todas horas, desde la playa ves a lo lejos un sifonazo y en poco tiempo las verás saltando o asomando la cola. Hemos ido en un catamarán a mar abierto a ver si las observávamos de cerca y… ¡¡¡Vaya si las vimos!!! Sin exagerar habremos visto unas 20 por lo menos, nos rodeaban pasaban por debajo del barco, sacaban la cola, las aletas, la cabeza, alguna a menos de tres metros… Una auténtica flipada, el capitán nos dijo que habíamos tenido mucha suerte.

En tierra también te sorprendes. Aparte de las gallinas salvajes de las que ya habíamos hablado hay más fauna que conviene tener en cuenta.
Pájaros multicolores, garzas, mariposas enormes, pajarillos que no existen en Europa con crestas rojas… Si te gusta la ornitología este es sin duda un buen lugar para venir.
Otro animalillo que choca es el mongoose, un tipo de mangostas marrones, aunque los estás viendo constantemente son muy escurridizos, hemos intentado sacarles una foto varias veces y nos ha sido imposible, son como hurones con muy mala leche, mejor que no se te metan en el coche o en un lugar cerrado porque seguro que se revuelven y sales con más de un mordisco…

Por último, pero no por ello menos importante, nuestros compañeros de morada… Tenemos unos cuantos geckos (tipo salamanquesas) con los que convivimos a diario, se comen los mosquitos y los ves subiéndose por las paredes, los cristales, el techo. En Hawaii dicen que tener geckos en casa da buena suerte. Se pegan a cualquier superficie mediante electricidad, son unos bichos muy curiosos y es divertido tenerlos alrededor, menos cuando se te caen encima mientras estás durmiendo y te meten un susto de mil demonios…

Pero sin duda hasta ahora el episodio más intenso nos ha pasado en casa. Mientras estábamos plácidamente dormidos después de una agradable cena con unos amigos, María pega un grito y me da un manotazo. Me despierto sobresaltado “¡¡hay algo en la cama lo tenía en el cuello!!” me levanto enciendo la luz y ahí está. Veo como un cienpiés horripilante de considerables dimensiones se desliza por el lateral de la cama. Cojo una chancleta lo tiro al suelo y lo aplasto, noto que es gordo y duro pero no me creía que al levantar la chancla… ¡Saldría corriendo! Corre rápido, cien pies corren mucho, lo vuelvo a aplastar esta vez con más mala leche y por más tiempo. Levanto la chancla y… ¡Vuelve a salir por pies! Cambio de técnica, lo persigo le pongo la chancleta encima y cojo una quilla que tengo en el mueble de al lado de la cama y la uso para cortarlo en pedazos… ¡Ahora los cuatro trozos se mueven independientemente en todas direcciones! Los reúno y les pongo la chancla encima, cojo un buen trozo de papel de cocina lo envuelvo y lo tiro a la basura.

La foto está sacada la mañana siguiente y ¿Sabéis que? ¡Seguía moviéndose! Pués resulta que son venenosos así que tuvimos suerte…

En fin que ya veis que estamos entretenidos.

Hasta la próxima semana. ¡¡Cuidaos y a surfear todo lo que podáis!!